La Introducción de los Nuevos Alimentos en la Escuela

Una gran parte de los niños que acuden a la Escuela Infantil utiliza el servicio de comedor de la misma. Es bien sabido que los niños mantienen un ritmo individualizado en su desarrollo personal y en lo referente a la alimentación no podía ser de otra manera.

Es fundamental establecer unos criterios rigurosos y comunes entre educadores y padres sobre cómo y cuándo introducir los cambios alimenticios, siendo el pediatra en primer lugar, quien establezca los tiempos que tanto en casa como en la escuela han de respetarse.

La introducción de los nuevos alimentos siempre se hará en casa y cuando se haya comprobado la tolerancia a dicho alimento podrá tomarlo en la escuela. Este paso se irá repitiendo sucesivamente, dejando reposar cada cambio y no haciendo más de uno cada vez.

De todo lo dicho anteriormente podemos deducir que no hay una edad concreta para la introducción de nuevos alimentos, pero si podemos establecer el orden en el cual se producirán:

Bebé comiendo–        Leche materna.

–        Papilla.

–        Purés de verduras.

–        Sólidos.

Si nos fijamos en estos pasos, observaremos que además de nuevas texturas y sabores, los niños experimentan otros cambios:

–        En la postura en la cual reciben el alimento, ya que pasan de estar tumbados, a comer frente al adulto, para finalmente sentarse alrededor de una mesa con iguales

–        En la forma en que recibe la comida, pasando del pecho de la madre, a la tetina del biberón, para llegar a la cuchara y por último al tenedor

–        En su participación a la hora de comer, succionando al principio, para poder coger el biberón con sus manos, y finalmente cogiendo la cuchara para llevársela a la boca

Cuando el niño ya ha superado, podríamos decir la primera etapa, en la cual hemos ido observando la tolerancia a los nuevos alimentos, llega el momento de introducir el sólido.

Al principio sólo le daremos pequeños trozos, que serán el complemento al puré de verduras, para poco a poco ir aumentando la cantidad de sólido de forma que constituya el segundo plato. A medida que el niño vaya aceptando los enteros tanto en variedad como en cantidad será el momento de poderle pasar a un primer y segundo plato.

No olvidaremos que durante todo este proceso debemos ser pacientes, estar muy atentos a la evolución de cada niño para favorecer su desarrollo y autonomía a la hora de comer y tener una relación muy estrecha con las familias en las “estrategias” comunes frente a la comida.

Aprovecharemos la comida para introducir hábitos como la higiene, el orden, la limpieza,  el respeto a los turnos, mantenerse sentados…

Haremos así del momento de la comida un momento favorable de comunicación y relación.

 

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